30 de agosto de 2010

Hojas de estío 2010, bosques


Acabo de leer a W. Gombrowicz, paseando por los bosques de Ring Kerry, donde la soledad es el marco y los árboles el sonido de tanta lluvia acumulada.

"Una pradera cubierta de abetos, de pinos, de rocas, soleada, caldeada; a mi espalda la casa imflamada de sueño, de moscas, ante mí la pradera y más allá la montaña, los bosques, todo en mi rededor eran montañas escarpadas y cubiertas de bosques, montañas increíblemente boscosas en medio del silencio."

En Cosmos, Witold te acerca a lo absurdo del paisaje, la naturaleza y los paseantes que vienen de no se sabe donde, pero que nos empujan a construir un mundo doméstico pero monstruoso.




23 de julio de 2010

Hojas de estío 2010, Dublineses




Joyce si no hubiera sido por Nora habría sido un simple profesor de idiomas que soñaba con ser un gran escritor, más famoso que W.B. Yeats. Lo consiguió a base de sablazos a amigos y familiares, quedándose casi ciego, huyendo de la pobreza y miseria de su casa paterna. Creía en la literatura sobre todas las cosas humanas.

En Un triste caso, de su libro Dublineses, leo en esta noche lluviosa antes de tomar el avión a Galway.

No tenía colegas ni amigos ni religión ni credo. Vivía su vida espiritual sin comunión con el prójimo, visitando a los parientes por Navidad y acompañando el cortejo si morían. Llevaba a cabo estos dos deberes sociales en honor a la dignidad ancestral, pero no concedía nada más a las convenciones que rigen la vida en común. Se permitía creer que, dadas ciertas circunstancias podría llegar a robar en su banco, pero, como estas circunstancias nunca se dieron, su vida se extendía uniforme -una historia exenta de peripecias. 

18 de julio de 2010

Hojas de estío 2010, la llama



No los he leído todos. Después de Desgracia perdí el interés. En general, yo diría que su obra carece de ambición. El control de los elementos es demasiado férreo. En ningún momento se tiene la sensación de un escritor que deforma su medio para decir lo que nunca se ha dicho antes, que, a mi modo de ver, es lo que distingue a la gran literatura. Demasiado frío, demasiado pulcro, diría yo. Demasiado fácil. Demasiado falto de pasión. Eso es todo.”

Ficción autobiográfica. Esto es Verano, que estos días he leído cercado por una brisa, fresca y bulliciosa, cerca del Mediterráneo. El relato edificado sobre cinco personajes entrevistados para una biografía del premio Nobel fallecido John Coetzee (pura ficción), donde se recopilan opiniones sobre sus dificultades para relacionarse, su obsesión por escribir, su aclimatación al régimen racista sudafricano de los años setenta.

Es una invitación a leer sus libros y encontrarse con un escritor que es capaz de decir sobre si mismo, en boca de la madre de una alumna suya:


“Porque, a mi modo de ver, tener talento narrativo no basta si uno quiere ser un gran escritor. También tienes que ser un gran hombre, y él no lo era”
“¿Cómo puedes ser un gran escritor si no eres más que un hombrecillo normal y corriente? Sin duda debe de haber cierta llama en tu interior que te distinga de la gente de la calle. Quizá en sus libros, si uno los lee, pueda ver esa llama”

11 de julio de 2010

Hojas de estío 2010, demolición.


Al salir de la residencia donde está ingresada traté de recordar su imagen de antaño, cuando sus ojos me reconocían y sus manos eran menos transparentes.
Ver a un grupo de personas muy mayores, algunos aislados en un sueño incomprensible, con sus miradas vacías, es ver los estragos del tiempo en nuestros cuerpos, la demolición que se inició sin darnos cuenta cuando éramos más dichosos.
En esa soledad tan cruel, soledad quizás deseada para no sufrir tanto en compañía de seres queridos, uno se diluye como el agua en la arcilla de un pantano seco.
Esos rostros, anticipo de los nuestros, que no apreciamos pero que un día llenó nuestras vidas y que ahora remueven los recuerdos de nuestra infancia, de nuestra juventud. Esos rostros son como las casas antiguas, ahora abandonadas, en pueblos solitarios y lejanos de las ciudades, que el tiempo desdibuja como los recuerdos y que la imaginación los llena de vida.

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4 de julio de 2010

Hojas de estio 2010, el autor



Dejo a Riba confuso en las nieblas del mar de Dublin, optimista por la aparición del autor envuelto en su gabardina de misterio. Está es la verdad de la creación literaria, el autor. V-M cita a más se sesenta autores. Qué importa que sus palabras estén grabadas en tablillas de arcilla, de papiro, a mano o en máquinas o en soporte digital...

Miro al Mediterráneo curado de espantos, y no dice nada con el mismo ruido de siempre aunque esté roto por algún bocinazo de un turista nervioso que llega cansado de Zaragoza.

Dice el narrador "Toda vida es un proceso de demolición, pero los golpes que llevan a cabo la parte dramática de la tarea...no hacen patente sus efectos de inmediato" , mientras, escucho una de las canciones que suenan entre las paginas de Dublinesca antes de coger el Verano de Coetzee.


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25 de junio de 2010

Villa Amalia



La película de de Benôit Jacquot poco tiene que ver con el libro de Pascal Quignard, el principio del relato y poco más.
Esa huida de la pianista, hacia el Mediterráneo, rotura de todo lo que ha vivido hasta entonces no termina en el Mediterráneo como vemos en la película con una Isabelle Huppert fría y distante, casi antipática. La búsqueda de la soledad queda someramente reflejada, pero en el relato está mejor trazada con el final asumido de una vejez solitaria, como realmente es.
En el Mediterráneo vivió con otras personas, en un paisaje luminoso, y se estrelló con un drama en la soledad de la que huyó. Vuelve a Bretaña, a las brumas, pero ya no es la misma y se encuentra con otra muerte. Es la mejor forma de envejecer, asumir la soledad: "hay un placer no estar solo, sino en ser capaz de estarlo"
Quignard es un escritor de lo bello, con sus imágenes sabe pintarnos a los personajes. Los humanos vestidos, sus vestidos son expresión de su estado. Al final del relato, nos viste a Ann de esta forma:
La vejez y la soledad la volvieron más huesuda. El cuerpo se había vuelto rígido. El cabello se le había puesto completamente blanco. Cambió de nuevo, radicalmente, de forma de vestirse. Con un toque de varita mágica aparecieron faldas inmensas. Hubo que dejar los vaqueros grises descoloridos, las camisas de hombres de algodón blanco, las viejas cazadoras de cuero de Georges. Ropa usada suntuosa, chaquetas de seda, amplios blusones pálidos, amplios forros polares grises y suaves invadieron espacio.

16 de junio de 2010

Bloomsday, un brindis



Releo esta noche a James Joyce, el año pasado sirvió para escribir una aportación en el blog El lamento de Portnoy. Esta vez no me puedo abstraer del cotidiano acuchillamiento que nos rodea, como si el espectáculo de las cuchilladas de muchos personajes públicos fuera algo ya totalmente asumido. 
Sin que el reloj se detenga leo en voz alta:
-Pero no sirve para nada -dice-. Fuerza, odio, historia, todo eso. Ésa no es vida para hombres y mujeres, insultos y odio. Y todo el mundo sabe que eso es exactamente lo contrario de lo que es la verdadera vida  
-¿Qué? -dice Alf.
 -El amor -dice Bloom-. Quiero decir lo contrario de odio. 
Luego brindaré por el eterno irlandés con un vaso de vino blanco, una tostada de pan con aceite de oliva, y ...

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12 de junio de 2010

La obscenidad del silencio


Todo lo que está fuera de la escena es lo que atrae. Ob-sceno.Y el silencio es siempre un estado que incita a salir pero también a quedarse. No se fomenta el silencio por obsceno del mismo modo que no se fomenta la reflexión.


"No hay acción en sus cuadros. Y a todos ellos, sin excepción, los impregna una actitud muy firme: tras la calma extrema y la inmovilidad, se percibe el acecho de un elemento indefinible y tal vez amenazador"
(Dublinesca, Enrique Vila-Matas)

Leo en silencio,después de observar esta imagen de Wilhem Hammershøi, unos versos de un poeta ruso desconocido que encuentro en Woolgathersome, como si tuvieran en sus manos la última obra de E. Vila-Matas.

En una ventana cegadora
repentinamente
el túnel del amanecer a lo largo de la escalera
apareció en toda su definición
como los pasos que aceleran a través de las hojas soleadas
y todo bajó suspendido y silencioso.
Los crujidos se ocultaron,
los pájaros tragaron sus voces,
el sol separó inmóvil sus rayos
y los rayos de sol susurraron en los ojos.
Como en este mundo caído en silencio…

La imagen del cuadro, el párrafo de Dublinesca y estos versos anónimos cubren, como un telón, el  silencio abortado de esta ciudad petardera.



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10 de junio de 2010

Las palabras ciegas

Estos días, después de ver "Los girasoles ciegos", pensé en mi padre y no me perdono no haber hablado, cuando tenía mi edad, de sus años de la postguerra. Siempre guardó silencio, silencio cómplice o de dolor aceptado. Nunca lo sabré.


Leo "Las armas y las letra" de Andrés Trapiello, su padre también estuvo en el frente de Teruel y posiblemente en la trinchera enfrentada a la del mío. Ahora es bueno recordar lo que escribió Azaña cuando suponía que los caídos en las trincheras envían destellos de su luz como un mensaje de :
Paz para vivir, piedad para olvidar y perdón para recordarlo todo, sin dañar ni dañarnos, y alcanzar, con más letras que armas, el noble y nada difícil oficio de ir tirando, con libertad y justicia, cosas todas ellas que encierran palabras del salmista: "pasan nuestras días y acaban nuestros sueños [...] como quien cuenta un cuento.
 Mi hija N me ha el regalado el libro sin que supiera que estos días, tan primaverales, aquí en Valencia he recordado tiempos de infancia incompletos, días de palabras ciegas, en sombras.

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1 de junio de 2010

Janus, Louise Bourgeois




  • Muere Louise Bourgeois y su serie de esculturas Janus derriten su bronce para que veamos cómo las dos caras del dios romano reviven, una vez más, en Israel. Siempre con las puertas del templo de su particular abiertas.
  • Hace unos años cuando vi su exposición en el Museo Reina Sofía, me sentó como un revulsivo, cómo un vómito que te inunda de bienestar. La dualidad, duro/blando, masculino/femenino, humano/divino, bello/feo,  que no queremos vivir. 
  • Vivir colgado en esta dualidad tántrica que la muerte elimina de nuestros sentidos, eso es el arte que personas como Louise saben expresar en sus obras. Obras que fueron reconocidas en sus últimos 25 años de los 98 que ha vivido, rejuvenece pensarlo a mis sesenta años.
  • Esta obra era para Louise un autorretrato  como ella misma confesó: "Su naturaleza de pieza suspendida indica pasividad, pero la rotundidad de su masa expresa resistencia y duración. Es quizá un autorretrato, uno de tantos."
  • Esta mujer quiso ser la esperanza de un mundo mejor con lo único que podía: con sus manos y con su razón.
  • En el pueblo de mi padre, busco en el Ministerio de Cultura, y las dos únicas víctimas eran los maestros del pueblo. Un hombre y una mujer
  • La puerta de Jano en Israel sigue abierta, y como todas las guerras hasta que no arrasen y rindan a su prójimo enemigo no pararán. Lo tienen asumido aunque cubran, con su dureza inhumana, de sangre y horror la cultura de un pueblo tan admirado como el hebreo. Repulsivo por injusto y estéril. 
  • Gracias Louise.



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26 de mayo de 2010

Un caracol paralizante

"El verdadero silencio es un espacio en blanco que puede interrumpir el silencio mismo" (Pascal Quignard)
Nunca he comprendido cómo puede organizar su vida un escritor con muchas actividades sociales y escribir todos los días. Es posible que sea algo "profesional", como cualquier oficinista que acude todos los días a su mesa en la oficina y no se muere de asco.

Este mes de mayo se me ha hecho muy corto, casi como si hubiera vivido todo en un día, lo cual me alegra porque el tiempo detenido es algo mortuorio, pero a la vez es  un tiempo en el que la reflexión y la tranquilidad para poder escribir se ha esfumado.

Encima de la mesa, como si quisiera correr de verdad, veo la portada de Dublinesca que últimamente no leo y presiento que la lectura, una vez más, está reñida con las preocupaciones inquietantes. Y pienso en los caracoles, como en el sueño del comisario Montalbano de Andrea Camilleri, que de niño me paralizaban al ver como se deslizaban por mi brazo, se movían sin pausa, dejando su rastro baboso. Un contacto suave, sin pausa, paralizante que invita al silencio.


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