Nunca he estado en Kassel, pero releo estos días el libro de Vila-Matas "Kassel no invita a la lógica" que hace diez años me entusiasmó.
"Se escribe para atar al lector, para adueñarse de él, para seducirlo, para subyugarlo, para entrar en el espíritu de otro y quedarse allí, para conmocionarlo, para conquistarlo"
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