29 de junio de 2007

La hierba




No es la guadaña la que muerde la hierba
es la hierba la que al final
devora a la guadaña convirtiéndola en una hoja finísima sin acero
-anestesiada hasta el óxido
duerme luego
en la hierba crecida.

(Lennart Sjögren, 1980)

27 de junio de 2007

AMOS-OZ

Un escritor y pacifista que habrá que tener en cuenta. Pienso en su país, en sus guerras y en los que creen y luchan por utopías como este hombre que aún cree posible la paz en Israel: No pregunto quién tuvo la culpa, pregunto qué puedo hacer”

Hace unos años en una entrevista y a preguntas sobre el conflicto que vive su país decía:
"Si fuera ciudadano de Europa tendría mucho cuidado en no señalar a nadie con el dedo, ni a los israelíes ni a los árabes. No ayuda al proceso de paz y hace que los de ambos lados sean más intransigentes y más paranoicos. Europa tiene que ser cautelosa con los árabes y los judíos porque ambos han sido víctimas de Europa. Los árabes a través del imperialismo, el colonialismo, la explotación. Los judíos a través de la discriminación, la persecución, la expulsión y, finalmente, de una masacre masiva de una escala sin precedentes. Vale la pena tener en cuenta que el conflicto entre judíos y árabes es, de verdad, un enfrentamiento entre dos víctimas de Europa.
Hay un país más pequeño que Cataluña que es la única patria de 5,5 millones de judíos, y al mismo tiempo es la misma patria de 4,5 millones de palestinos. Hay que dividir la casa en dos apartamentos más pequeños y llegar a una cohabitación como dos Estados vecinos. Es posible que no vaya a ser una cohabitación de amor, pero sí debe de ser sin violencia."

24 de junio de 2007

22 de junio de 2007

El mal según David Lynch

En esta película se muestra de forma magistral cómo el conocer, investigar, puede conllevar una situación de riesgo al entrar en contacto con la parte más oscura del ser humano. Esa parte que permanece oculta tras los cristales y puertas de las viviendas, la melosa sonrisa de un ser humano, que bajo la dulce apariencia de una vida feliz se agazapan los mayores crímenes y maldades. El riesgo de enfrentarse al mal, físico, moral o incluso metafísico si se quiere, es el más importante de los combates por muy mediocres y pobres diablos que seamos.

Según el profesor Jesús Alcolea en esta película "David Lynch ha pintado una imagen deprimente del alma humana, pero está convencido de que es honesta. Ha sido fiel discípulo de Freud, Nietzsche y Schopenhauer: así son las cosas"

18 de junio de 2007

Anderer: Europa


Hoy he conseguido descifrar unas cuantas hojas del Diario de mi amigo Anderer. Precisamente hablan de su descubrimiento de Bertrand Russell y de Europa:

Strasbourg 12 de julio de 1972 10 de la mañana

Después de tres días de travesía francesa, llegamos a la ciudad de Estrasburgo, por la noche con nuestras mochilas y barbas hemos pasado el Rin, la frontera, ¡los guardias no nos han dicho ni buenas noches! Esto es Europa, autopistas y libertad. El Jugendherberg estaba cerrado y hemos dormitado unas dos horas en un jardín cerca de donde tenía su camión el de los Transportes Campillo que nos recogió en Arles y nos lleva hasta Hannover. Estaba intrigado por nuestro viaje en auto-stop desde Zaragoza hasta Estocolmo. Quería que le contáramos chistes para que el tostón de la autopista le resultara más corto. No le hicieron gracia los pocos que le contamos y al final quedó embobado con las historias que le contaba mi amigoG de James Joyce. Era algo surrealista, un sencillo camionero murciano atravesaba las tierras de Alemania, en compañía de dos “schalaos” (así nos llamó todo el viaje), mientras escuchaba a mi amigo G. las aventuras del irlandés en París. Yo, para no dormirme, saqué mi revista TRIUNFO. Después de leer una reseña de Domingo Pérez Minik que da cuenta de una entrevista que tuvo con Bertrand Russell en Tenerife, he mirado el paisaje boscoso que la lluvia reblandecía con su brillo. En la casette rodaba una cinta de Aguaviva y yo pensaba que hay que leer a Russell, el final del artículo de TRIUNFO es genial:- Bertrand Russell contestó a Su Majestad –“El modo de obrar de un hombre depende de su profesión. Un cartero, por ejemplo, ha de llamar en todas las puertas de la calle donde tenga cartas que entregar. Pero si alguna otra persona llamara a todas las puertas sería tenido por un perturbador”

Escribo estas lineas en la cuneta de una autopista de Hannover y cierro rápido este cuaderno porque ha parado un coche, G nervioso me dice que nos lleva hasta Hamburgo.


15 de junio de 2007

Animales pacíficos


Cuando uno pasea por las ciudades que visita, encuentra muy a menudo, estatuas y monumentos dedicados a mostrar y magnificar a ciudadanos, santos o reyes que han destacado en la historia local por sus obras literarias, científicas, batallas, reinos o santidades más o menos conocidas. Pero hay un personaje que no tiene monumentos y es el de aquel que se opuso a la exaltación, en nombre de Dios o de la patria, del baño de sangre guerrero; aquel que luchó hasta padecer la cárcel por no empuñar un fusil, aquel que puso sus conocimientos contra la guerra o guerras santas. Es una persona odiada y ultrajada por todos los regímenes políticos y todas las teocracias de la historia. ¿Dónde está la calle o monumento al pacifista desconocido?

Uno que se maravilla de las grandiosas catedrales edificadas a la mayor gloria de aquel nazareno del año cero, no ve en las lápidas admiradas por miles de fieles de todas las épocas, ninguna referencia a los que siguieron atentos el sermón de la montaña y su Bienaventuranzas, en especial aquella que dice: “bienaventurados los pacíficos (pacificadores, luchadores por la paz)…”. Uno ve en esas casas de Dios, sepulturas de hombres armados con espadas y puñales, es curioso que no haya ninguno con misiles, metralletas o pistolas (como si desde la aparición de las armas de fuego ya no existan estadistas santos).

Todo esto me envuelve como una neblina al recordar estos días el comportamiento de ilustres profesores, cardenales y políticos con el llamado proceso de paz en nuestro País Vasco. Se ha insultado, denigrado, ultrajado a los que se atrevían a entablar un diálogo con el enemigo, el otro, el que golpea mi mejilla. Es como si los que gritan “a por ellos”, fueran pontífices del miedo, necesario para que haya más víctimas, más odio. ¿Es posible que después de tantos miles de años de evolución no se atisbe una rendija en los nuevos telones de acero mentales y podamos ver cómo el verbo, el lenguaje, lo más humano que tenemos, destruye para siempre el recurso de los violentos?

Bertrand Russell, el filósofo anti belicista que pisó la cárcel, con Premio Nobel de Literatura incluido, a la edad de 89 años por oponerse a las armas nucleares, dice: “Descubrir un sistema para evitar la guerra es una necesidad vital para nuestra civilización; pero ningún sistema tiene posibilidades de funcionar mientras los seres humanos sean tan desdichados que el exterminio mutuo les parezca menos terrible que afrontar continuamente la luz del día”

Estos días he releído su libro “La conquista de la felicidad” (1930) y en su prefacio antes de tratar el interrogante ¿Qué hace desgraciada a la gente? transcribe los siguientes versos de Walt Whitman:

“Creo que podría transformarme y vivir con los animales. ¡Son tan apacibles y dueños de sí mismos!

Me paro a contemplarlos durante tiempo y más tiempo.

No sudan ni se quejan de su suerte,

no se pasan la noche en vela, llorando por sus pecados,

no me fastidian hablando de sus deberes para con Dios.

Ninguno está insatisfecho, a ninguno le enloquece la manía de poseer cosas.

Ninguno se arrodilla ante otro, ni ante los congéneres que vivieron hace miles de años.

Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el ancho mundo…”

Por eso, a veces, cuando veo las noticias de Darfur, Irak, Líbano, Afganistán, Irak, Palestina, los “misiles preventivos” de Bush y Putin, quisiera volver a ser aquel microorganismo pluricelular protisto coanoflagelado de hace 900 millones de años, mucho antes de que iniciara la impresionante travesía hace 150.000 años en su viaje desde África, cuando dejó de ser un “almado” apacible.

8 de junio de 2007

Tortugas de caparazón blando


La tortuga Cantor gigante, de caparazón blando, pasa más del 95% de su vida casi inmóvil bajo la arena del lecho de los ríos asiáticos y únicamente sale a la superficie dos veces al día para tomar aire. La supervivencia de esta tortuga depende de su astucia para ocultarse de los depredadores y al no tener un caparazón fuerte ha desarrollado unos pulmones y metabolismo muy resistente. Es un eslabón más de esa prolongada cadena de adaptación de los seres vivos al medio natural que ahora está en peligro de extinción.

Hoy publican en The New York Times que las tortugas Cantor se salvaron de los Jemeres Rojos en zonas apartadas de Camboya, pero ahora que comienza a verse el inicio de un desarrollo económico en la zona, es también el principio del fin de esta especie que sobrevivió a los dinosaurios: la pesca excesiva, la contaminación y la degradación del medio ambiente se encargan de su exterminio.

Es como una señal más del porvenir que nos espera, en una sociedad muy competitiva donde prima el mito del vencedor a toda costa, donde los acorazamientos, blindajes, amurallamientos, escudos, son casi una necesidad para no desaparecer. Cuando hay seres vivos que nacen o se hacen civilizados sin caparazones, como las tortugas Cantor, y viven como desnudos amparándose únicamente en aquello que los alejó de los primates: el lenguaje y la risa, estos seres humanos corren peligro de extinción porque las guerras injustas, la contaminación de la comunicación y la degradación de la comunidad internacional los acorrala hasta casi la total desaparición.

Hay algo que saben las personas que tienen en sus manos el poder de iniciar o acabar guerras, de cualquier índole, con tregua o no, declaradas o no, con graves daños colaterales para las poblaciones indefensas o no, bajo el mandato de la ONU o no, del primer o del tercer mundo, en fin, guerras con dolor y muerte que cuando llegan a su fin siempre hay un perdedor, siempre, porque el vencedor es algo relativo (basta darse un paseo por la historia, aunque digan que la escriben los vencedores) y de todos los perdedores los que peor lo tienen son los que viven sin caparazón fuerte.

4 de junio de 2007

Casa de verano, después.




Y YO SIEMPRE HE PENSADO: las palabras más sencillas

Deben ser más que suficientes. Con decir lo que está pasando

A cualquiera se le tendría que romper el corazón.

Que te vas a pique si no sabes defenderte

De eso sin embargo tú mismo te darás cuenta.

(Bertolt Brecht)

http://www.youtube.com/watch?v=aNleZS-I_RM

Relato breve de la colección que Judith Hermann escribió en 1998, publicado en nuestro país con el título “Corales rojos” en el año 2000. Alabada por la crítica alemana como una nueva gran escritora, Judit Hermann (1970) representante del nuevo realismo, nacida en la Alemania de Willy Brandt y de la Rote Armee-Fraktion o Baader-Meinhof-Gruppe, que a la caída del muro ha tenido que buscarse un lugar en el firmamento de la literatura moderna más destacada de Europa.

Vivir bajo el imperio de las marcas, superar la “culpa”, y no oponerse al sistema conlleva una forma de ver y escribir la realidad que te rodea. Esto puede observarse en este pequeño relato. Escrito con oraciones simples, directas, vocabulario acorde al grupo de jóvenes, redactado como un recordar sin grandes expresiones sentimentales pero muy certero en sus descripciones de los escenarios.

La narradora se distancia de los personajes, agrupados, descritos a grandes rasgos, de su vida abandonada al aquí y ahora, rodeados de música sexo y vida fácil, sin pensar en el pasado mañana. Y como un poste del que fiarse (ayuda a todos para todo) está el personaje principal, Stein, repleto de señales que definen un mundo de la Alemania del Este, que lucha por situarse dentro del grupo pero que sueña con una casa. Una casa cerca de una Iglesia, con su torre redonda, en medio de un paisaje rural y pobre, lejos de la gran ciudad complicada y acomplejante.

La narradora no se implica, no entra en detalles que expliquen su grado de relación con el taxista Stein, únicamente describe con cierta frialdad todo lo que le rodea pero que en ningún momento explica sus actuaciones. En su decisión final es cuando mejor se define su abandono, ella y el grupo, no hacen nada, puede que lo hagan “más tarde”.

Después de leer este relato, cuando en los últimos meses se ha releído algo de Stefan George (Ven al parque considerado muerto y mira…), Rainer Maria Rilke (Cansada del pasar de los barrotes…), Georg Trakl ( Por la tarde resuenan en los bosques de otoño/las mortíferas armas…), Franz Kafka (Era domingo por la mañana en lo más hermoso de la primavera…), Eric Maria Remarque (La noche es insoportable, no podemos dormir, miramos fijamente a lo que tenemos delante de nosotros y soñamos despiertos…), Bertolt Brecht (Ya sé que sólo se aprecia/ a quien es feliz. Su voz/se escucha con agrado…), Thomas Mann (De Torre di Venere guardo el recuerdo de una atmósfera desagradable…), Mascha Keléko (Casa sin tejado/ niño sin cama/mesa sin pan…), Anna Seghers, Gunter Eich, Arthur Schnitzler,Paul Celan, Friedrich Dürrenmatt, Günter Grass, Ingeborg Bachmann, Heiner Muller, Peter Handke, Thomas Bernhard, Elfriede Jelinek, Erich Hackl, se queda uno como alicaído, como si faltara aire más fresco y menos contaminado. El relato de tan real que parece es casi una satisfacción que la narradora no nos diga qué va a hacer con Stein. Este, que quiere tener una casa, un hogar, se esfuma porque en ese grupo de amigos no hay nada más que una agrupación de seres humanos sin valores, sin ganas de luchar por nada, con sexo sin compromiso y la duda que queda es si es un reflejo de la Alemania actual.

El comportamiento del grupo de jóvenes podría ser el de cualquiera de Benimaclet, Torrero, Poble Nou, Lavapiés, reflejo de un grupo social que no acaba de creerse que detrás del bienestar y la comodidad existe el esfuerzo, la ilusión y la lucha por mejorar la sociedad en la que vivimos.