4 de diciembre de 2011

Pascal Quignard o el lector desaparecido


Es un libro de fragmentos que quiere contar la historia de un lector desaparecido, El lector de Pascal Quignard:
Así como no teníamos la certeza de que vivía, creo que tampoco nos pondremos de acuerdo sobre el hecho de su muerte. Escribió poco. Leyó mucho. Mil vidas muertas, que eran o antiguas o ficticias, pronto habían ocupado el lugar de su vida. Como todo ser que lee, poseía la rica piedra que trae de nuevo  a la luz la sombra de los muertos aunque, con todo, nadie tenga la certeza de que por un golpe opuesto no hunda a quién la posee en su mundo imposible. En ese caso, ¿por qué no desaparecería allí donde desaparecieron esas vidas pasadas? Fue todo lo que leyó.
Yo como lector me pierdo en ese bosque de fragmentos.

3 de noviembre de 2011

Ayer, de camino con P. Handke

Leo estas páginas como quién hurga en una caja de recortes. Peter Handke anota frases en su paseo-viaje que realizó a finales de los ochenta por "su casa", Macedonia, Eslovenia, Croacia,Grecia...y también por otros paisajes de Francia, Turquía, Austria, Alemania, España...
Aquel otro silencio, completo, que se dio (o entró) ayer en el kafeneion, en medio de la Arcadia, en plena tarde, entre los cinco hombres que se habían reunido aquí-allí en torno a la estufa en medio del enorme espacio del café, y además el largo gancho de atizar que estaba sobre la estufa -ya no se oía ni respirar, ni la crepitación de un vestido, ni el de la mujer del fondo- un silencio tan grande entre tanta gente no lo puedo imaginar en "nuestra casa"
Pero también anota letreros que encuentra en su camino, sin comentar nada.
Letrero pegado en la iglesia católica de Nauplion: "1. En esta iglesia se guarda el Santísimo. 2. Es aconsejable no acercarse al perro.
Es todo un ejercicio de creación de un buscador, o como él dice a su paso por Zaragoza: un hurgador.

7 de octubre de 2011

Diez minutos


Han concedido el Premio Nobel al poeta sueco Tomas Tranströmer. Hace unos años leí un poema suyo titulado Soledad. Ahora, después de leer la entrevista de El País, tengo la impresión de que a la traducción le falta la sonoridad ensalivada del sueco original. 
Esta es la segunda parte de las estrofas finales:

He andado largo tiempo
por los helados campos de Östergötland.
Jamás he visto un alma.

En otras partes del mundo
hay quienes nacen, viven, mueren
en permanente aglomeración.

El estar siempre visible -vivir
en un enjambre de ojos-
tiene que dar al rostro una expresión singular.

El tumulto sube y baja
mientras se reparten entre sí
el cielo, las sombras, los granos de arenas.

Yo necesito estar solo
diez minutos por la mañana
y diez minutos por la noche.
-Sin programa.

Todos hacen cola ante todos.

Muchos.

Uno.


18 de septiembre de 2011

Hojas de estío, Dazibao




En el paseo de esta mañana, con la ciudad envuelta en calores, he visto en muchos muros y vallas cientos de papeles pegados con mensajes de alquileres. Nada de convocatorias o manifiestos políticos, esos están en Internet. Parece como si al paseante, el que no está encerrado en su casa, lo que te interesa es tener una casa barata y eso lo encuentra en la calle.

Y no se porqué, he recordado un párrafo del último libro que leo de Peter Handke "Ayer, de camino", al ver plasmado en tantos papeles tantos mensajes con deseos tan concretos:
"Mi deseo -decía ella- es tan grande y tan constante que ningún hombre viviente se me puede ni tan siquiera acercar"

31 de agosto de 2011

Hojas de estío 2011. Regreso al asfalto


Regresar, lo bueno de regresar, 
es darte cuenta que nada ha cambiado en tu casa,
 en tu calle, en tu ciudad. 
Te hace feliz si cuando te fuiste a otra lugar, 
con intención de volver, nada borró el pasado
que te persigue.

El asfalto es la comodidad y la rutina que nos envuelve
como a las ratas urbanas.
 La rutina que como la rueda de la vida
 aplaca nuestros miedo. 
Todo sigue con el ritmo que nos marcan la luz,
los dioses y los políticos de turno.

Esta noche, después de ver catástrofes y crisis financieras en la televisión, he vuelto a leer un poema del escritor noruego, Jan Erik Vold, real como el asfalto y que se mueve como una rueda en la historia:
Poema, Enero 1992
Dicen que la tormenta
que azotó el noroeste ha costado
mil millones.
La quiebra bancaria del año pasado, sabemos
que costó veinte mil.
Es decir: los dioses del clima tendrían que desatar
un huracán
cada tres semanas
durante un año entero para poder medirse
con las catástrofes causadas por los banqueros.
¿Visita el Rey
a los damnificados por la banca?

(Del libro Poesía Nórdica, Ediciones de la Torre, Madrid, 1995)

21 de agosto de 2011

Hojas de estío 2011. Ratzinger y los Yaquis




El anciano representante de uno de los dioses del Mediterráneo ha visitado estos días Madrid, y para escuchar sus palabras han acudido miles de personas, jóvenes, curas, monjas, obispos, banqueros, grandes empresarios, importantes consejeros de multinacionales extranjeras, políticos.

Sus palabras hablan del Señor, de su Iglesia, de Amor y de Pobreza, de Esperanza. Ha habido heridos, tormentas, danzas, músicas, saludos, abrazos, multitudes. 

En los periódicos, los editores han lanzado sus mejores ideas para plasmar en portada y contenidos aquello que gusta a curas, monjas, obispos, banqueros, grandes empresarios, importantes consejeros, políticos y dan por supuesto que a los jóvenes.

Nadie se ha acordado de los danzantes Yaquis, de los humildes y pobres paganos.

19 de agosto de 2011

Hojas de estío 2011. El cisne



Estos días leo "El cementerio de Praga"de Umberto Eco, me aburre. Es como el contemplar de esos cisnes tan limpios que se mueven con parsimonia altiva en los estanques de palacios sajones. Un libro tan erudito, tan narrativo, tan explicado, tan elegante, tan ... me aburre.


7 de agosto de 2011

Hojas de estío 2011. Retal




Uno lee la prensa y esto es el final de todo lo conocido, la debacle total, la ruina. Quieres entender lo que está ocurriendo de verdad, pero no te enteras. Para calmarme en estos días tan cálidos,  releo "Historia de la vida del Buscón", además del placer de aquel castellano te encuentras con perlas tan actuales para muchos pacientes de los abusos bancarios:
"Los escarpines, primero son pañizuelos, habiendo sido toallas, y antes camisas, hijas de sábanas; y después de todo, los aprovechamos para papel, y en el papel escribirmos, y después hacemos dél polvos para resucitar zapatos, que de incurables, los he visto hacer revivir con semejantes medicamentos"
Francsico de Quevedo

26 de julio de 2011

Hojas de estío 2011. Utøya




Las noticias llegadas desde Oslo no han impedido que den su paseo diario hasta el banco para poder contemplar el ir y venir de las olas. Estas olas sin memoria de otras matanzas como la de Utøya

Se sentaron  en el banco al final de la tarde, cuando la luz de julio aun viva se despide sin prisas. El perro tomó posición entre ellos atento al escenario que vibraba cercano.
Quieren arrancar historias a las olas que como la espuma cubren su rutinario vaivén,  historias de amores rotos, de conciencias manchadas, de crímenes silenciados, de parejas de amantes, de infancias alegres, canciones olvidadas, abrazos cálidos, amigos encontrados.

Oleadas de historias que comienzan y nunca acaban del todo, final abierto mientras haya unos ojos y unos oídos atentos a las llamadas y unas bocas abiertas a las preguntas ¿Por qué? ¿Hasta cuando?...

22 de julio de 2011

Hojas de estio 2011. Caseta de camp


Pasear por el campo entre urbanizaciones playeras es como caminar por un parque de la sin razón. Encuentras casas de campo del siglo pasado en ruinas, otras casi tapiadas para que no entren los forasteros, y todas cercadas por las nuevas urbanizaciones veraniegas. 
Campos abandonados en espera de que pase el temporal de esta crisis para continuar destrozando el paisaje y así acomodarlo para que los forasteros estén a gusto. 
Por la noche, en el humedal que guarda las espaldas de las edificaciones de primera linea, las ranas enmudecen para no molestar a los foráneos aunque eso implique extinguirse. 

15 de julio de 2011

Hojas de estío 2011, las olas

Tumbado en el sofá con la mirada apoyada en la línea imaginaria del horizonte, allí donde el mar pierde su nombre y el azul es más celeste, escucho los ruidos de la calle  acompasados por el rítmico vaivén de las olas en la hora de la siesta.

Vuelvo a leer a Virginia Woolf, Las Olas, una edición amarillenta de la Editorial Bruguera y en la que escribí "Julio 1983. Rusiente julio"  Ahora, en este julio lluvioso, las imágenes que evocan sus seis personajes me parecen más reales y crueles.
En cuanto a mí hace referencia, diré que no tengo propósito alguno. Carezco de ambición. Me dejaré llevar por el general impulso. La superficie de mi mente se desliza como un río gris pálido, reflejando cuanto pasa. No puedo recordar mi pasado, mi nariz o el color de mis ojos, o cuál es la opinión que en general tengo de mi mismo. Sólo en momentos de emergencia, en un cruce, en el borde la acera, aparece el deseo de conservar mi cuerpo, se apodera de mí y me detiene aquí ante este autobús. Parece que nos empeñamos insistentemente en vivir. Después reaparece la indifirencia.