23 de marzo de 2010

El pilón



Aquí sobre este sillar  prendían, en Vilafranca, a los reos de haber cometido alguna fechoría. Este lugar estaba justo enfrente de la puerta de la iglesia y los domingos al salir de misa podían contemplar a todos aquellos que la comunidad consideraba nocivos para su convivencia. Se supone que quedaban marcados por el oprobio y la vergüenza.

Muchos añoran estas piedras medievales, abominan la Ilustración y la Modernidad, porque la sociedad no ha sabido aprovecharse del desarrollo técnico y económico. La solución es buscarla en lo más profundo del ser, ellos piensan que está en la religión cívica o en la monoteísta. Los neoconservadores confunden la causa de la crisis de la sociedad moderna con el efecto,  soy de los que creen que la cultura de las relaciones humanas han sucumbido  al pensamiento del intercambio monetarista. Las tensiones de la sociedad moderna, dice Adela Cortina,  se calman sobre la base del entendimiento mutuo y no sobre la instrumentalización del otro como un medio para conseguir mi fin. Algunos nos quieren hacer creer que es el azar y no la lógica  la  protagonista de nuestras vidas.

Parece como si ahora en el pilón, esa piedra medieval,  estuvieran amarrados los que creen que nuestras vidas pueden ser mejores en este mundo sin creer en el azar, en la Fortuna, en los dioses, en el más allá.

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