15 de julio de 2011

Hojas de estío 2011, las olas

Tumbado en el sofá con la mirada apoyada en la línea imaginaria del horizonte, allí donde el mar pierde su nombre y el azul es más celeste, escucho los ruidos de la calle  acompasados por el rítmico vaivén de las olas en la hora de la siesta.

Vuelvo a leer a Virginia Woolf, Las Olas, una edición amarillenta de la Editorial Bruguera y en la que escribí "Julio 1983. Rusiente julio"  Ahora, en este julio lluvioso, las imágenes que evocan sus seis personajes me parecen más reales y crueles.
En cuanto a mí hace referencia, diré que no tengo propósito alguno. Carezco de ambición. Me dejaré llevar por el general impulso. La superficie de mi mente se desliza como un río gris pálido, reflejando cuanto pasa. No puedo recordar mi pasado, mi nariz o el color de mis ojos, o cuál es la opinión que en general tengo de mi mismo. Sólo en momentos de emergencia, en un cruce, en el borde la acera, aparece el deseo de conservar mi cuerpo, se apodera de mí y me detiene aquí ante este autobús. Parece que nos empeñamos insistentemente en vivir. Después reaparece la indifirencia.


2 comentarios:

Puigcarbó dijo...

tengo esta edición de las Olas, siempre a mano para releerla y también como fuente de inspiración para más de un poema.

Clarice Baricco dijo...

Debo releerla.
Linda foto.
Abrazos.