14 de febrero de 2010

Julio Cortazar el renunciador


Leo en voz alta, con música de Fats Waller, estas línea de  Rayuela:
Morellianas. Basta mirar un momento con los ojos de todos los días el comportamiento de un gato o de una mosca para sentir que esa nueva visión a que tiende la ciencia, esa des-antropomorfización que proponen urgentemente los biólogos y los físicos como única posibilidad de enlace con hechos tales como el instinto o la vida vegetal, no es otra cosa que la remota, aislada, insistente voz con que ciertas líneas del budismo, la vedanta, del sufismo, de la mística occidental, nos instan a renunciar de una vez por todas a la mortalidad. 


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9 de febrero de 2010

La nieve del norte, todo lo cubre.


(Foto de Jacques Grenier
  • Aturdido esto días por la nevada que ha caído en la capital del imperio americano, que repiten en todas las televisiones, en todos los medios, de un modo asfixiante, casi insultante si lo comparas con la catástrofe de Haití; tienes que pellizcarte y acudir a la pantalla del ordenador para comprobar que nieva también en muchos otros países. En Canadá nieva mucho, viven mejor, no salen en las noticias.
  • La nieve no huele, es grata a la vista, a la pantalla de la televisión pero Haití trae recuerdos, a quién los haya vivido, a podrido. 
  • Releo a Paul Klee, en una anotación de su Diario:
¡Oh poeta! Si quieres describir la podredumbre de una tumba y te falta la tan necesaria inspiración,  cómprate un Camembert, y oliéndolo de cuando en cuando, podrás realizar tu obra.

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7 de febrero de 2010

Venerable paseante



Caminar por la ruidosa ciudad, cada día más medieval, ignorante y beata,  sin tropezar con la prisa es cada día más difícil, pero la mayor dificultad de todos los paseantes es encontrar alguna persona capaz de romper su monótono andar sin que se asuste o se ponga en guardia.

A uno le preguntan por una calle, después de escuchar atentamente las indicaciones del paseante interrogado le dice, con una sonrisa oscura y agradecida:

- Muchas gracias. Cuídese, por la noche nada de fritos, beba mucha agua, pocas patatas y pasee mucho. Se lo digo porque soy médico.

Uno se asusta pensando que tendrá mál aspecto, estará enfermo o aprecian venerable su figura canosa y  le dan consejos para que no se amargue, el ánimo o la mirada, al vivir de cerca tantas intolerantes sandeces de los munícipes de la ruidosa ciudad.

En la calle Los Venerables han medio arrancado unos recortes de periódicos de la recién blanqueada pared. Dos pases de un torero sin cara, objeto de culto de un adorador, que el dueño de la pared no permite venerar o venerear su pared.


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1 de febrero de 2010

Das weisse band, una tesis sobre el horror


Al salir del cine, en la noche fría de camino a casa, recordé los días fríos de mi niñez caspolina, días de dolor y miedo, mucho miedo, que no congeló las risas de los juegos en el campo.

En Das weisse band (La cinta blanca), con una realización en blanco y negro muy bergmaniana, escuchas y ves con claridad el respirar entrecortado de una comunidad encarcelada con rejas de misterio, dogmatismo y ternura. Un relato, así comienza, dentro de la tradición rural del cuento y por lo tanto con un sentido dirigido hacia el esquema de la moralidad pública. Lo privado, en cada una de las parejas o grupos familiares, está dominado por un paisaje de explotación, desigualdad social, todo ello a la sombra de las creencias religiosas y la disciplina por encima de cualquier rastro de afecto y sentimiento. Afecto y sentimiento de la primera niñez (la escena del niño con su jaula es todo un tratado psicológico sobre la sumisión y la ternura) que luego se transforma como una metamorfosis en una mariposa terrorífica.

El epílogo final es el fracaso de aquella sociedad hipócrita que estalla con la guerra, donde el miedo, el dolor y la muerte será una pandemia para todos los que la padecieron. Esta película me ha recordado la narración de Anna Seghers, La excursión de las niñas muertas, por la dulzura y horror que envuelven la historia de sus personajes cerca del río de odio que se incubaba en centro-europa.

Haneke ha logrado licuar el humo del dogmatismo, del fanatismo religiosa, del odio, de la envidia, del horror que flota en la vida cotidiana de personas amables.

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