19 de abril de 2009

Un país en la oscuridad



He leído estos días de sombras y nubes voladeras la última obra de Paul Auster, Un hombre en la oscuridad, por comprobar si mi forma de contar historias se parece en algo al escritor americano, según me insinuó un profesor de la universidad.

El autor protagonista, su nombre lo dice todo: August, que crea una ficción en un mundo en guerra, que resume en sus meditaciones actuales un pasado de hombre urbano abierto y confiado, que relata su vida a su nieta resume un modo de afrontar las decisiones sobre la vida en pareja. Pero siempre queda un escenario casi oculto con el tema de la guerra, la destrucción y el amor. El protagonista crea historias por la noche para entretener su insomnio, un esquema de la creación en la oscuridad y silencio, se crea lejos del ambiente mercantil.

El novio de su nieta quiere irse a Iraq con una empresa para afrontar su mediocridad, no puede crear historias, tema muy importante con un final espectacular. Le dice casi al final de la novela al accidentado anciano protagonista:

  • Toda la vida he querido ser escritor. Tú lo sabes, August. Hace años que te vengo enseñando mis desastrosos cuentecillos, y tú has sido lo bastante amable para leerlos y brindarme tus comentarios. Me has animado, y te lo agradezco mucho, pero los dos sabemos que no se me da bien. Mis textos son áridos, pesado y aburridos. Chorradas. Cada palabra que he escrito hasta ahora no es más que mierda. Ya hace casi dos años que salí de la universidad, y me paso el día sentado en un despacho , contestando al teléfono en una agencia literaria. ¿Qué clase de vida es ésa? Tan monótona, tan segura, que ya no puedo soportarla más, joder. No sé nada, August. No he hecho nada. Por eso me voy. Para experimentar algo que no tiene nada que ver conmigo. Para estar en este podrido mundo y descubrir lo que se siente formando parte de la historia.

Ese sentirse parte de la historia es para mí la gran mentira que se vive con entusiasmo en este mundo, con el bombardeo de la publicidad y la mercadotecnia de los medios de comunicación. Hoy leo en la prensa que el país que se inventó la guerra de Iraq, que torturó y creó muchas historias de desaparecidos no va a encarcelar, ni juzgar, a sus domésticos criminales.

Paul Auster tiene todavía muchas historias que contar de sus anodinos conciudadanos, que supongo seguirán mirando el techo en la oscuridad de las noches de insomnio.

3 comentarios:

Manuel Ortiz dijo...

Tienes un importante MENSAJE en mi blog. Un saludo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Me pareció un libro interesante sobre cómo contar una historia. Comprendo que no es de los mejores libros de Auster, pero es un libro que se lee de un tirón, una prueba más de la maestría de Auster como narrador.
Un abrazo.

Apostillas literarias dijo...

Qué bueno que te sirvió, e interesó, la información sobre el blog de MG.

Siempre te agradezsco tu interés en mi blog.

Un abrazo