25 de diciembre de 2008

Harold Pinter, dignidad



Cuando miramos un espejo pensamos que la imagen que nos ofrece es exacta. Pero si te mueves un milímetro la imagen cambia. Ahora mismo, nosotros estamos mirando un círculo de reflejos sin fin. Pero a veces el escritor tiene que destrozar el espejo -porque es en el otro lado del espejo donde la verdad nos mira a nosotros.

Creo que, a pesar de las enormes dificultades que existen, una firme determinación, inquebrantable, sin vuelta atrás, como ciudadanos, para definir la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras sociedades es una necesidad crucial que nos afecta a todos. Es, de hecho, una obligación.

Si una determinación como ésta no forma parte de nuestra visión política, no tenemos esperanza de restituir lo que casi hemos perdido - la dignidad como personas.



Estos párrafo finales de su discurso ,al recibir el Premio Nobel, en el año 2005 creo que resumen de forma muy clara el compromiso, que tenemos todos, para recuperar la dignidad que algunos políticos se empeñan, todos los días, en arrojar al basurero de la historia.

Yo no sé si sus obras teatrales, sus poemas, sus escritos en la prensa pudieron influir en la vida social de su país, pero como todos los creadores importantes algún día sus palabras serán leidas por nuevos lectores. ¿Quién recuerda a Martin Van Buren, octavo presidente de los Estados Unidos y responsable del exterminio de la cuarta parte de los indios Cherokeee? Por aquellos años un poeta escribía estos versos de su libro "Leaves of Grass":

"Me celebro y me canto
Y aquello que yo me apropio habrás de apropiarte,
porque todos los átomos que me pertenecen también te pertenecen"

Walt Whitman todavía es leído por los que creemos en la dignidad del ser humano y en la naturaleza que nos acoge aunque la estemos destrozando.

3 comentarios:

Sirena Varada dijo...

Es cierto: el escritor debe romper el espejo, trascender las fronteras de cristal y adentrarse en la verdad acechante, pasar de ser victima a victimario. También me parece muy acertado identificar conceptos como determinación y dignidad. No se puede subestimar la determinación inquebrantable, la voluntad férrea que anida incluso en el corazón más débil, el impulso certero que nos aleja del abismo de la mediocridad.

Descanse en paz, Harold Pinter.

Un abrazo

lobezno dijo...

¿Pero, quién demonios ha escrito en mi Blog? (Ya veo la ruta que has seguido. Sinceramente, ¡no merece la pena visitarme tras leer a Sirena!).

Descubrí a Whitman de jovencito porque leí un reportaje en "El país" en el que comentaban algo así como que "no estaría mal que la izquierda se dejase de Marx y mirase a Whitman" (era la época en la que caía la URSS). Aunque hace muchos años que la política no me motiva (no creo que el ser humano tenga solución), Walt me sigue emocionando.

Por ,cierto, ya que es Navidad y he visto que escribes de pintura, ¿podrías hacerme un regalo? ¿podrías escribir en el otro blog algo de Rothko? No tengo ni idea de pintura pero quiero contar la historia de una pintora influenciada por él, así que me vendría de perlas. Y ya, si es de alguno de los cuadros que tienen en el Pompidou (creo que dos, aunque no los vi cuando fui este verano), ¡¡fabuloso!! Eso, si es que te emociona escribir de él, claro.

Un abrazo.

Dédalus dijo...

Me ha encantado leer el texto que has incluido de Pinter, como me ha alegrado que muestres tus propios sentimientos, a rengló9n de sus palabras.

Un abrazo, Petrus.
Todo está por vivir.