5 de mayo de 2008

No es tan fácil


En el Taller de escritura de la Nau Gran, al que asisto este cuatrimestre, ha surgido un debate sobre la naturaleza del relato. Los relatos que hemos escrito sirven para ver de forma práctica los diferente modos de expresar un pensamiento, una experiencia, un sentimiento, una opinión, una meditación aunque no se narre ninguna historia.

Yo creo que un relato es una historia narrada para la que el autor ha buscado un sentido y en la que el lector encuentra un reflejo del sentido de su propia experiencia vital. El uno y el otro se encuentran en la narración sin conocerse, la historia hará de lugar y tiempo para que el pensamiento se exprese de forma sugerente, muchas veces no muy evidente.

Dice Enrique Vila-Matas que “la literatura europea ha perdido fuerza humanista y nobleza espiritual para entregarse a las banalidades del frío gótico del futuro”; yo añadiría que hay que buscar sentido al instante que se narra para que el relato no quede vacío aunque esté suspendido como un acordeón en un momento cotidiano.

De los que llevamos leídos hasta hoy en el Taller, el de Ana María D. (que a continuación reproduzco) quizás sea el que más se ajusta a lo que debe ser un relato, en este caso breve, con pocos personajes, de forma clara y escueta que sugiere un tema importante como es el de matar o no matar. Algo tan cotidiano como la escena que describe, tan familiar y cálida, pero que encierra todo un esquema de reflexión sobre algo tan ajeno al mundo infantil como es el de la muerte.

El título del relato lo deja claro: NO ES TAN FÁCIL


"Estaban sentadas sobre la alfombra. A su alrededor esparcidos lápices de dibujo, cuadernos, cuentos y las piezas de un puzzle que estaban pacientemente montando.

La niña no paraba de hablar, de tal manera que la abuela se había quedado abstraída, con la mente lejos, acunada por el incesante parloteo.

Una pequeña araña se deslizaba entre la urdimbre de la alfombra; apenas se asomó ¡¡ZAS!!, quedó atrapada entre los dedos pulgar e índice de la abuela.

En ese momento la niña perdió todo interés en el puzzle que con tanta emoción se estaba esforzando a completar.

Con los ojos redondos de asombro sorprendió a la abuela:

- ¿POR QUÉ?

Ésta se vio bruscamente arrancada del mundo en que se había sumergido e inquirió a su vez

- ¿ Por qué QUÉ?.

- Abuela, acabas de aplastar a una araña.

- No, no…, y mirándose los dedos dijo perpleja, si, creo que si.

- Abuela, ¿por qué has matado a la araña? SIEMPRE dices que no se puede matar a nadie, ni a las plantas ni a los animales ni A NADIE.

La abuela pensando que se había metido en un aprieto le intenta explicar,

- Bueno hija no se mata, por supuesto, pero la araña que has visto, esa pequeña araña, se hubiera ido comiendo las hebras de la alfombra y nos hubiésemos quedado sin ella.

La abuela sintió un leve malestar y decidió cambiar el rumbo de la tarde proponiendo a la niña ir a la terraza a merendar.

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Iba lentamente deslizándose bajo un pesado sol, arrastraba una carga excesiva para su tamaño, pero con gran tesón avanzaba poco a poco, sin descansar, pensaba con alegría – mi familia estará orgullosa de mí, antes de que llueva habremos llenado la despensa y yo también he estado ayudando- se sentía muy cansada, pero iba a continuar, bajó la cabeza para tomar impulso cuando repentinamente notó que el sol desaparecía, algo se había interpuesto en su camino, sin darle tiempo a pensar el objeto cayó sobre ella y se hizo la nada.

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¿Qué has hecho niña, por qué has aplastado la hormiga?

- Porque se estaba comiendo mí bizcocho."

2 comentarios:

Las3Musas dijo...

Me gusta la idea de relato como lugar de encuentro con otra forma del yo.

Muy interesante y bien escrito, como siempre.

Saludos,
Musa

Sirena Varada dijo...

Tienes razón, este es un ejemplo de buen relato, incluso de la elección de un título muy acertado. A mi modo de ver, algo que le confire calidad al texto es el que plantee una cuestión de trascendencia sin tratar de darle respuesta.