12 de marzo de 2008

¿Misión de la literatura?


Uno de mis pequeños tesoros es EL PASEANTE, dieciocho números de aquella magnífica revista que editaba Siruela, cuando era del hijo de la de Alba. No he vuelto a encontrar nada igual en cuanto a contenidos. Mi preferida es la dedicada a la cultura China, un monográfico con el número 20-22.

Contiene un escrito de un poeta chino HAN YU (768-824) que habla del papel de la escritura dentro del universo humano. Traducido por Octavio Paz y titulado “Misión de la literatura”, lo transcribo literalmente; quizás nos ayude, en un mundo como el nuestro tan cambiante en técnicas pero tan conservador, en la utilización de lo que más nos distingue de los otros terrícolas: la palabra.

“Todo resuena, apenas se rompe el equilibrio de las cosas. Los árboles y las yerbas son silenciosos; el viento las agita y resuenan. El agua está callada: el aire la mueve, y resuena; las olas mugen: algo las oprime; la cascada se precipita: le falta suelo; el lago hierve: algo la calienta. Son mudos los metales y las piedras, pero si algo los golpea, resuenan. Así el ser humano. Si habla, es que no puede contenerse; si se emociona; canta; si sufre, se lamenta. Todo lo que sale de su boca en forma de sonido se debe a una ruptura del equilibrio.

La música nos sirve para desplegar los sentimientos comprimidos en nuestro fuero interno. Escogemos los materiales que más fácilmente resuenen y con ellos fabricamos instrumentos sonoros: metal y piedra, bambú y seda, calabazas y arcilla, piel y madera. El cielo no procede de otro modo. También él escoge a aquello que más fácilmente resuena: los pájaros en la primavera; el trueno en verano; los insectos en otoño; el viento en invierno. Una tras otra, las cuatro estaciones se persiguen en una cacería que no tiene fin. Y su continuo transcurrir, ¿no es también una prueba de que el equilibrio cósmico se ha roto?

Lo mismo sucede entre los seres humanos; el más perfecto de los sonidos humanos es la palabra; la literatura, a su vez, es la forma más perfecta de la palabra. Y así, cuando el equilibrio se rompe, el cielo escoge entre las personas a aquellas que son más sensibles, y las hace resonar.”


La idea de equilibrio y armonía como condición para el bienestar, que la cultura china lo emana del cielo, ya lo expresó de un modo más cercano a la tierra, ocho siglos antes en su Villa Sabina, Horacio: “la virtud es un punto equidistante entre dos vicios” y en lo referente a la escritura lo explicó como nadie: “todos los votos se lleva quien mezcla utilidad con interés / deleitando al lector y a la par haciéndole pensar...” (Ars Poetica). Este último verso lo rescató, con todas sus consecuencias, la Ilustración europea del siglo XVIII.

5 comentarios:

Las3Musas dijo...

Excelente reflexión sobre el ruido de las palabras. Siempre he pensado la literatura como la revelación de un crujido interno. Es como una búsqueda del equilibrio roto, un resonar más allá para abrazar al otro, para ser oido.

Permítame señor Petrusdom que lo linkee a las musas para hacer una humilde difusión de sus pensamientos.

Saludos;)
musa

Conciencia Personal dijo...

Las palabras expuestas engalan la belleza de la literatura, la articulan, la integran y la funden..."Y así, cuando el equilibrio se rompe, el cielo escoge entre las personas a aquellas que son más sensibles, y las hace resonar.” estoy segura. que estás allí; silencioso y verdadero.

Shangri-la dijo...

Hola. Te invitamos a visitar nuestra publicación sobre literatura y cine. Un saludo.

Luis Rivera dijo...

El equilibrio es siempre el interior: es la contemplación, la interpretación. El lenguaje: un uso. De existir equilibrio el lenguaje lo es; de no estar mejor es no escuchar.

Hay en el Ise Monogatari se introduce un poemita que narra la reflexión de un joven que acude a un estanque para recordar un amor, que pasado, él mantiene vivo. Equilibrio en la tristeza y en la composición. Lo transcribo:

¿No es esa la luna?
Y la primavera,
¿no es la de siempre?
¿Cómo es que yo solo
soy el mismo que era?


Estupendo artículo, como siempre. Es un placer leerte.

Chelo Vela Erbina dijo...

Muchas gracias por hablar de este monográfico, lo tenía y en una mudanza se me perdió hace 3 años. Lo he estado buscando pero no recordaba el número, ahora lo he encontrado gracias a tu entrada. Muchísimas gracias, es un joya de monográfico.