23 de febrero de 2007

Antonio Machado, en recuerdo.

Hace sesenta y ocho años murió en Colliure (Francia), huido para no ser represaliado en el levantamiento de 1936 que nos trajo una dictadura sangrienta, cruel y triste. Murió pero no murió, Antonio Machado el profesor de Instituto de vocación ausente, resignado más que rebelde, el hombre que creía que el futuro de España estaba ligado a una cuestión de cambio de conciencia. Amigo de Miguel de Unamuno, pensaba que “La conciencia es anterior al alfabeto y al pan”.
Desde esta ciudad, Valencia, que vive obsesionada en un falso horizonte de progreso y bienestar y estalla en fuegos artificiales al lapidar las huertas cercanas con cemento y ladrillos, esta ciudad ruidosa que arranca campos de naranjas y limones por el terrible delito de haber nacido cerca del mar turístico, hoy, como homenaje, quiero recordar aquellos versos de Machado escritos hacen cien años con el castellano luminoso de su Andalucía infantil:

(A un naranjo y a un limonero)
Vistos en una tienda de plantas y flores

Naranjo en maceta, ¡que triste es tu suerte!
medrosas tiritan tus hojas menguadas.
Naranjo en la corte, ¡que pena da verte
con tus naranjitas secas y arrugadas!

Pobre limonero de fruto amarillo
cual pomo pulido de pálida cera,
¡que pena mirarte, mísero arbolillo
criado en mezquino tonel de madera!

De los claros bosques de la Andalucía
¿quién os trajo a esta castellana tierra
que barren los vientos de la adusta sierra,
hijos de los campos de la tierra mía?

¡Gloria de los huertos, árbol limonero,
que enciendes los frutos de pálido oro,
y alumbras del negro cipresal austero
las quietas plegarias erguidas en coro;

y fresco naranjo del patio querido,
del campo risueño y el huerto soñado,
siempre en mi recuerdo maduro o florido
de frondas y aromas y frutos cargados.

2 comentarios:

Shikilla dijo...

Me encanta Antonio Machado, te dejo estos versos de su Inventario Galante:

Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...


Un saludo

Conciencia Personal dijo...

La grandeza de Machado es como el amor elaborado a mano.

Besos, Monique.